Ni sé, ni conozco el día de mañana. Bajo hasta la puerta y nada, ningún trabajo que me llena de desesperación. El hecho de no poder dirigir la mano hacia donde miro me dificulta mas las relaciones. Si tiendo la mano para que me la estrechen la dejo en un lugar neutro, quieta y la otra persona me pone cara de raro. No veo. Ni me interesa ver ya que la mierda que vuela sobre las cabezas de la gente abunda sobremanera. Llueve. Cojo un libro y leo, no no puedo distinguir de entre tal o cual. Puntos, bultos dedos abrasados: me han quitado mis ojos con un barniz que utilicé para encerar unas maderas del porche y ahora mis dedos no tienen sensibilidad. Me cuesta muchísimo leer con los dedos y ni siquiera mencionar con los ojos ya que toda mi luz es una oscuridad profunda que no tiene cavidad en la mente de los despiertos. Condenado a no ver.

En el cuento se narra como un hombre encuentra su amor, amor que nunca tendré, y si lo tengo más falso será porque no puedo basarme en el exterior de alguien para enamorarme. Egoísta. Todo el mundo se enamora de la persona y luego del exterior pero a mi me gustaría ver a mi pareja desde un punto de vista exterior. Y entonces él la agarra de la mano y le jura amor eternamente, una locura por un lado porque si te cansas de la persona en cuestión qué haces. Si es que ya has hecho una promesa, o no, más grave: un juramento.

Páginas que no conducen a nada; quizás a un futuro no muy lejano pero esto es muy relativo porque cuanto menos pienses en eso antes te llega. Tocas, te retraes, se retrae y retuerce en un momento de éxtasis importante y que sabes que eres responsable de lo que le ocurra a la otra persona.....Quieres que se muera de placer y que con sus piernas te aprisione y se retuerce eróticamente por todo tu cuerpo mientras tú te ocupas únicamente de dar placer. Aún así recibes más placer del que te pudiera estar dando la otra persona con solo saber que está disfrutando, que cuando todo acabe va a querer más y más. Secretos al oído en momentos ni tan íntimos ni tan abiertos, simplemente descontrolados que se entremezclan con algunos roces. Mientras las caricias se multiplican y se vuelven más salvajes, el cuerpo se convierte en algo más receptivo, los poros se abren y la piel se exfolia lo que hace que el cuerpo dé respingos de placer.... El final, la meta, la última partida, te armas de valor y decides que lo que puede ser especial se convierte en algo que escapa de las manos del que maneja los hilos.
Acabas en el sofá, nunca tienes un sentimiento de culpa tan grande como éste. Mueres de vergüenza y luego piensas, para curarte en salud, que la que reprime es la sociedad. La culpable de todo esto es la gente y su forma de pensar. No, al final concluyo que la culpa es mía, por dejarme llevar por esas convenciones sociales de las cuales intento huir despavoridamente. A contracorriente sería lo mejor pero hay tantas dificultades que no es posible determinar cuál es el verdadero camino que tienes que seguir, las marcas en el suelo se borran con tantas pisadas que vienen en contra tuya. La vida no me merece, yo no me merezco la vida. Si sigo así al final acabo colgado de una cuerda de violín, fuerte, crines de caballo que tiran de mis pies y mis manos. Sistema inútil de enfrentarse a los problemas. Me decido, me levanto y consigo ver.

Veo entre la multitud, veo pasos sin control pero pasos vestidos de marrón, piel de serpiente, marrón, recién limpios, nuevos gastados, otros tienen mierdas pegadas, huelen, apestan. Bajos de los pantalones sucios, gente que se los remanga para que no pisen los charcos, la multitud suele vestir pantalones consucetivamente pasan pantalones y aunque con piernas estilizadas de damiselas encubiertas en esos tubos de colores pero nadie sale desnudo. Respeto me imagino. Connotaciones políticas que no vienen al caso y luego influencias religiosas de ayer y hoy. Asombrado veo, veo y miro unas piernas curtidas por el sol que son acariciadas por la fina tela de una falda de color, que también puedo ver, de color ocre. Me mira y noto como me mira, se que me estudia y piensa que soy ciego por lo tanto vacío de sentimientos, la miro y le digo: Quieres conocer como soy¿ verdad? Quieres saber si en realidad yo puedo apreciar la belleza de tus piernas desnudas, de tu mentalidad diferente de conocerte desde la punta de los pies que sostienen tu cuerpo hasta la cabeza que hace que pienses en mí en estos momentos, estamos solos.

Y ella responde, si el erotismo de saber que me estás viendo no pertenece para nada a este mundo fuera de lo común me conduce hasta poder volar desde el más pusilánime cabello hasta la significante erección vaginal, si, quiero conocerte. Un estallido de luz golpea mi cuerpo, y entre todas mis partes, mis ojos que sufren de un despavorido torrente de color y luminosidad, de distintos tonos de amor, de conocer el cuidado de la vida. La vida que ya no muere, que ya está llena de luz. La vida muerta que desperdicié detrás de mí, pasos oscuros que envolvieron pensamientos que envolvieron imaginaciones que pudieron con mi carácter, con mi vida, con mi alma.