¿TE apetecería tomar un café? Es lo que se suele decir en estas situaciones pero lo primero que se me vino a mi maravillosa boca fue aquella pregunta:
¿qué te parezco?
No me pudo decir nada, la vida me enseñó o mejor dicho nos enseña día a día que hay que ser altos, guapos, rubios y menos desperfectos para llegar a conseguir algún día de estos la perfección absoluta. Claro está que esto es como aquello de los campos de concentración y el asuntillo ese de los arios. La belleza es un concepto que no debiera haber existido porque en realidad es lo que rige nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos: Me lavo la cara me repeino un poco me basta mirarme al espejo para darme cuenta de que todo lo que hago es en vano porque al no ver absolutamente nada me estoy peinando igual que se peina a una manada de leonas enfurecidas y en celo. Sales a la calle la gente pasa a tu lado y aunque parezca mentira todos ellos se peinan las cejas, punto flaco de los ojos. La gente en realidad no ve cuando tiene la oportunidad. Esa chica sentada en el banco de la facultad esperando que vengan a buscarla sus compañeras de clase para que la dirijan hacia ninguna parte porque en la clase ella se sienta en la misma realidad del mismo color que ella misma crea con el mismo sentimiento de visión anal. Mi visión.

No le gustó que le preguntara eso por la sencilla razón de que todavía no sabía que yo era un ciego. Un vidente de la vida no real que ocurre delante de las narices de todos nosotros mientras no nos damos cuenta que en realidad nuestras vidas están dirigidas por el tiempo, único dios supremo que suprema nuestras cabezas y muñecas y paredes de cocina y estudios y bibliotecas y canciones de cuco que si no tiene una duración mínima son un fiasco.

Fiasco el que se llevó ella cuando vio que yo no veía en realidad sus lindas piernas: se tomó el café por compromiso, lo que nunca se le puede hacer a un invidente, las cosas por hacerlas por no desilusionar ¡Idiota no te diste cuenta que tus medias de color canela no son más que un reclamo para esos que nunca llegarán a alcanzar la potencia más elevada de la raíz cuadrada de la vida! No te diste cuenta que las personas que carecen de algo que se encuentra dentro de la generalizada normalidad no son más que carencias que potencian en potencia otro sentido más que nos sirve para determinar que antes de que te dieras cuenta de mi no visión del mundo yo ya había olido el regalito que te estaba cayendo entre las piernas pensando en mis sudorosos pectorales a la luz de una lámpara tenue que también y por extensión muscular iluminaba tu cabello posado con languidez y picardía en uno de los cojines que luego tuve que lavar porque tus mejores deseos se posaron en ellos y dejaron rastro de mujer abandonada a la luz de esa misma lámpara que propició que tú pudieras observar mi cuerpo pero no me dejó observar el tuyo y tuve que reconocerlo poco a poco con mi nariz; con mi lengua; con mis manos y dedos reconociendo todo un bosque de vellosidad densa que iba a parar a la fosa del placer...

No comprendes y no podrás comprender que en esta vida una mirada vale más que mil palabras y cuando tu me miraste de arriba a abajo y despreciaste mi masculinidad por un pequeño defecto.... me derrumbaste porque pensé que una mujer como tu merecía conocer el placer físico de un vidente de lo no visible. Me engañaste y te tomaste aquel café de esperanza o lo que después se convirtió en infusión de achicoria grave y asquerosa que no me dejó seguir con aquello y destruir el mito del hilo y el laberinto.

Pero veo una cosa clara y es que conocí el odio en primera persona. Siendo persona sin personalidad encarnaste muy bien al diablo que me llevó a pensar en la vida muerta a la que estoy sometido. A la que me han sometido.

Vete y sigue viendo el mundo a tu manera cualquier día esos de dedos que te matan a placer, los tuyos me refiero, se retorcerán involuntariamente y permitirán que la muerte te aceche detrás de un nuevo paso interestatal: del estado feliz al estado Vida Muerta.