A ver, la idea es empezar. ¿Empezar qué? Pues, empezar algo, una historia, una persona, una vida, un problema. Fijémonos que para muchos autores, el teatro es la exposición de un problema en el transcurso de la vida normal de las vidas normales de los protagonistas. Bueno, los protagonistas en la vida real no han existido, si lo siento, Romeo y Julieta son invención del humano. Pero si es verdad que el escritor nunca se inventa personajes, se basa en realidades, o bien humanas, o bien sociales. Revisando mi teoría del teatro de Maria Padilla, me he dado cuenta que no puedo evadir el concepto, el nombre, la idea.
Quisiera crear una mujer, que en apariencia es fuerte perfecta. Que en su vida no haya sobresaltos porque ella lo tiene todo controlado. Ella es la protagonista, pero claro no podemos colocarla en medio del escenario sin nada. Hay que vestirla, hay que peinarla, hay que quererla y sentirla dentro. Bueno, la idea es entonces que algo le pase, algo malísimo. Que encuentre pareja.
Es malísimo porque ella no ha tenido nunca pareja, no ha tenido tiempo estaba muy ocupada en su formación, en parecer ella. Nunca ha soñado con la pareja perfecta, nunca se ha preguntado cómo es que te besen, o que la penetren.
Sí, son palabras duras, o mal sonantes pero bueno, ella es una persona, hay que pensar en todos los aspectos habidos y por haber en las personas, hay que dibujar un perfil psicológico. Mucho hay que pero poco hecho.
¿Tiene que ser cómico? ¿tiene que ser trágico?
Me encantaría dar con la tecla de lo trágico-cómico pero no puedo, será porque soy novel en dramaturgia que cuando alguien muere, debe de sufrir lo máximo posible. Cuando alguien es ridículo es el más ridículo de todos.
Eso es el teatro, el querer pero no poder.

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